Mundo Sin Nombre #6 - Férula

En el mundo habían dos tipos de médicos: los médicos tradicionales y los mágicos. Mientras unos usaban sus conocimientos, manos y herramientas para ayudar a sanar a aquellos que lo necesitaban, otros usaban su propia magia para hacerlo, consiguiendo que el proceso de recuperación fuese menos agresivo y más rápido. El problema era que no todos los pacientes podían favorecerse de las habilidades mágicas de sanación.

La razón era simple, de la misma forma que habían determinados tipos de sangre, también lo había de magia y algunos tipos eran incompatibles entre magos, elfos y otras entidades con magia interior; los humanos por normal general acababan repeliéndola cuando la usaban con ellos para sanarles y, por último, aquellos que podían usar la magia exterior creaban ciertas incompatibilidades.

De esta forma, ser médico era una tarea complicada, sobretodo para aquellos que tenían magia… Pero no solamente por los médicos, también por los pacientes, tales como el que en ese momento se hallaba en uno de los boxes de urgencias esperando que la doctora fuese a verle. Había tenido una aparatosa caída y se le había inflamado la muñeca. Le dolía bastante, estaba de mal humor por la espera, por las pruebas y aún más por la espera.

Finalmente entró la doctora. Una mujer de estatura menuda, cara ancha y una gran nariz. Una enana.

— ¿Y bien? ¿Vas a poder curarme rápidamente? —preguntó el joven de extremidades largas, al igual que sus orejas con un tono de voz bastante desagradable.

La mujer negó con la cabeza y le sonrío. No le gustaban ese tipo de pacientes.

— ¡¿Voy a ser curado como a una entidad sin magia más?! ¡Como si fuese menor! —exclamó. La mujer le miró durante y el chico calló de inmediato, escondiendo la cabeza en su pecho. — Perdón…

La enana volvió a sonreírle. El joven elfo no se veía mal chaval, el problema muchas veces es que los suyos se creían superiores debido a su edad en el mundo y olvidaban ciertos hechos.

— Vamos a ponerte una férula en la muñeca, tienes una pequeña fractura. Lo tendrás inmovilizado una semana y luego veremos si quitártela o que sigas un poco más— empezó a explicar la doctora, amablemente—. Mantén el brazo en posición de “L”, nada de llevarlo estirado. Y no pruebes a hacer magia, así que haz reposo total.

El joven asintió a cada una de las indicaciones de la enana. Suspiró y sonrió de felicidad tras ese “reposo total”, ¡no tendría que ir a clases!, pensó alegremente.

— Eso no te exime de tus demás deberes. Solamente el deporte y la magia. Para lo demás estás perfecto y no eres diestro.

La enana mantuvo su amabilidad y siguió preparando la escayola, mientras el chiquillo la miraba con el rostro descompuesto. Se habían acabado las maravillosas vacaciones que estaba recreando en su cabecita.

Comentarios

  1. ¡Ui! Te echaba de menos

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    1. Ay... ¡Gracias! Quería retomar el blog en noviembre y me ha sido imposible... ¡Pero volveré lo más pronto posible con dos proyectos nuevos que mejorarán la forma de conocer el Mundo Sin Nombre!

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