Mundo Sin Nombre #7 - Baquetear


— Ba-que-te-ar… — Leyó el joven sílaba a sílaba, con una expresión en su rostro que reflejaba lo muy poco entendía esa palabra— ¿Y dices que esto es lo que hacen las hadas para limpiar las cortinas?

El chico, de pelo y piel oscuras, miró a su madre, que estaba justo frente a él y que le respondía sonriendo con un asentimiento afirmativo de cabeza.

— ¿Y por qué lo hacen las hadas? — Volvió a preguntar el niño, inocentemente.

— Porque se lo hemos pedido. Como son menudas y tienen alas, pueden hacer este trabajo mejor que nosotros u otra entidad. Además sus poderes pueden protegerlas durante más tiempo de los bichos que las deterioran, Saud.

— Me gustaría ayudarlas.

Saud miró hacia las cortinas de tela y observó que las suaves y finas telas se movían de un lado de otro, se escuchaban pequeños golpeteos y murmuros, además de que algunas veces se podían ver algunos brillos que rápidamente desparecían. Al chico le encantaban las hadas, aunque su madre y su padre le habían enseñado que debía ser muy cuidadoso cuando se dirigía a ellas, puesto que aunque fuesen caritativas y no les importase ayudar a los demás, si no se era educado con ellas, su furia podía acarrear consecuencias devastadoras. Y a Saud no le gustaba ni tentar a la suerte ni enfadarse.

— ¿Puedo ir a ofrecerles un poco de limonada? —preguntó Saud al cabo de unos instantes. Hacía un día caluroso y el viento no corría— . Estoy seguro que eso no les molestará y estarán cansada de ba-que-te-ar.

El chico repitió la nueva palabra, lentamente para no equivocarse.

— Claro que sí cariño. —Respondió su madre, tendiéndole la bandeja que contenía la limonada que había traído y algunos vasos.

Saud la cogió alegremente y se encaminó hacia dónde estaban trabajando las hadas, que se detuvieron al notar el dulce aroma del refrigerio y salieron a saludarle y aceptar su ofrecimiento.

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