Mundo Sin Nombre #3 - Berbiquí
¡La catástrofe se había desatado! ¡Impensable era que a un grupo de grandes y magníficos caballeros franceses les faltase un descorchador de vinos!
Pero había sucedido, más bien... Estaba sucediendo.
Los hombres, engalanados, con el pelo y bigote más que arreglados, con sus puros y sus copas no tenían nada para poder abrir las botellas del mejor vino que iban a probar en años, y es que justamente habían tenido una cosecha muy buena, en la que la uva había sido más que suficiente y de una calidad excelente.
Pero ahí estaban, los cuatro hombres frente a la botella, que les espera con la sangre de Dios contenida en ella.
Esperaron y esperaron, hasta que al final una joven doncella decidió acercarse a ellos con una pequeña herramienta en mano.
"¿Qué nos traéis mujer?" Preguntaron los hombres con tal aire de suficiencia que merecían tender la herramienta clavada en la cabeza.
"Les traigo un berbiquí mis buenos señores. Con esta herramienta podrán descorchar el vino" Respondió la doncella con educación, aunque ganas de clavarles el buril no le faltaban.
Los hombres se echaron a reír, ¿una mujer dando una solución? ¿Dónde les quedaba entonces la hombría?
La despacharon entre sonoras risas y ella se fue con la cabeza bien alta y sin inmutarse, pues mientras aquellos hombres seguían sin poder probar aquel vino, ella y unas doncellas más lo disfrutaban como si no hubiese mañana.
Pero había sucedido, más bien... Estaba sucediendo.
Los hombres, engalanados, con el pelo y bigote más que arreglados, con sus puros y sus copas no tenían nada para poder abrir las botellas del mejor vino que iban a probar en años, y es que justamente habían tenido una cosecha muy buena, en la que la uva había sido más que suficiente y de una calidad excelente.
Pero ahí estaban, los cuatro hombres frente a la botella, que les espera con la sangre de Dios contenida en ella.
Esperaron y esperaron, hasta que al final una joven doncella decidió acercarse a ellos con una pequeña herramienta en mano.
"¿Qué nos traéis mujer?" Preguntaron los hombres con tal aire de suficiencia que merecían tender la herramienta clavada en la cabeza.
"Les traigo un berbiquí mis buenos señores. Con esta herramienta podrán descorchar el vino" Respondió la doncella con educación, aunque ganas de clavarles el buril no le faltaban.
Los hombres se echaron a reír, ¿una mujer dando una solución? ¿Dónde les quedaba entonces la hombría?
La despacharon entre sonoras risas y ella se fue con la cabeza bien alta y sin inmutarse, pues mientras aquellos hombres seguían sin poder probar aquel vino, ella y unas doncellas más lo disfrutaban como si no hubiese mañana.
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