Mundo Sin Nombre #14 - Felicidad

“¿Cuánto tiempo había pasado realmente en el exterior desde que se encerraron para discutir aquello que sentaría una nueva base y visión en el mundo aquel en que habitaban?”. Se preguntaba el joven que acababa de sentarse en los escalones a la salida del gran edificio.

Era muy complicado saberlo. El día en que el enorme grupo de gente entró en el escenario preparado para ellos, el sol lucía con fuerza y el cielo estaba despejado, al igual que en esos momentos. El agua del mar Mediterráneo resplandecía de un vivo color azul y blanco gracias a los rayos del astro rey, la brisa marina era agradable, sobretodo porque llevaba hasta la montaña el olor del mar, que estimulaba sus bigotes y le hacía sonreír.

Pero aquello que habían nombrado como el “Gran Concilio del Mundo Sin Nombre” había llegado a su fin y con ello puede que también la caza indiscriminada de todos los seres que tenían algún poder especial. Ese Concilio ayudó a pacificar y curar heridas que se habían formado a lo largo de milenios entre unas entidades y otras; se habló, se tomaron medidas, se crearon derechos, deberes, leyes y se estableció una constitución a nivel mundial para procurar eliminar un odio que había sido totalmente llevado a un extremo irracional. Y se le puso nombre al mundo.

Hasta los verdaderos Dioses se personificaron y participaron en la reunión, algo que ayudó a aclarar muchas incógnitas, así como completar vacíos y también a catalogar el llamado “Compendio de las Trece Entidades del Mundo Sin Nombre”, una serie de datos informativos para que entre ellas se pudiesen conocer las particularidades de cada una. Una forma de ayudar a una humanidad sumida en la desalfabetización a no odiarse movidos por el desconocimiento.

Fue un arduo trabajo, pero valió la pena, el futuro parecía prometedor y era todo lo que a él le interesaba.

— Se te ve radiante de felicidad, Zeus —dijo de pronto una voz tras el joven nombrado, el cual se giró y le respondió con un asentimiento de cabeza.

—Creo que ha valido la pena tanto viaje. Aunque aún me queda muchísimo trabajo extra por hacer.

Ambos se sonrieron.

La voz del primero pertenecía a un joven de orejas puntiagudas y pequeñas, de cabello rizado y negro como el azabache que contrastaba con unos grandes y brillantes ojos verdes; de aspecto parecía un chaval de no más de catorce años, pero su mirada revelaba que tenía muchísima más edad. Se sentó en las grandes escalinatas junto a su compañero, de un aspecto totalmente diferente.

Zeus era un gato blanco de manchas negras con unas particularidades que no le hacían ser un animal normal; podía hablar y era mucho más consciente de su entorno y las normas del mundo que cualquier otro de su especie. Era lo que se podría llamar como un “animal racional”, tal como lo eran los humanos, elfos, feéricos y otras entidades. Obviamente él no era el único así, pero sí había caído en él una responsabilidad que los otros de sus características no habían tenido.

—¿Cuánto tiempo ha pasado realmente, Rolói? —preguntó tras un pequeño silencio mientras veía como del edificio salían grupos de gente, tan iguales como diferentes a la vez, pero en el ambiente se respiraba un aire de tranquilidad casi inimaginable.

—Una semana —respondió el joven, que también miraba en la misma dirección que su compañero —. ¿Cuánto tiempo ha pasado para ti?

—¡MILES DE MILENIOS!

Zeus exclamó como un niño cuando ve un regalo que le hace mucha ilusión, abrió los brazos como intentando abarcar más de lo esperado y luego se echó a reír, Rolói hizo lo mismo.

Era imposible que hubiese pasado todo ese tiempo para él, seguía vivo. Pero dentro de aquella sala de la que acababan de salir, sí que había pasado un tiempo más que considerable que no le había afectado a nadie de forma física y psicológica, pero la sensación había sido prácticamente de una eternidad.

—Eres un exagerado. Pero sí que hemos pasado mucho tiempo allí dentro.

—Para mi ha sido una eternidad, y seguro que para los humanos y los míos también. Nosotros no somos como los dioses o los duques, que tenéis el don de la inmortalidad desde el inicio de los tiempos…

Rolói se encogió de hombros ante la respuesta de su amigo. Ciertamente el joven de orejas puntiagudas era uno de esos llamados “dioses verdaderos” que se habían personificado en el Gran Concilio y había tenido, junto a Zeus, una labor muy importante para que todo saliese lo mejor posible; pero su concepto sobre la inmortalidad y el tiempo era muy diferente al de sus demás hermanos, entre otras cosas porque él era el Dios del Tiempo y tenía otras formas de vivirlo.

El gato dejó escapar una sonrisa algo forzada, pero que enseguida se esfumó cuando sus orejas captaron unas voces que le eran conocidas. Miró hacia el lugar de dónde procedían y Rolói le imitó. Ambos se quedaron mirando a tres figuras que estaban juntas en la entrada, un hombre de pelo negro y ojos azules que se apoyaba sobre un bastón destacaba en altura sobre una chica y un chico; ella también era alta y su largo pelo negro le llegaba hasta más abajo de la cintura, el joven era algo más bajo que su compañera, de pelo alborotado y naranja, con dos cuernos bifurcados transparentes que salían de su cabeza. La joven hablaba al más alto de los tres mientras el chico asentía y reía, entretanto el más alto les miraba desganado, como un crío al que le están dando una reprimienda y no quiere seguir escuchando.

—Jejejejeje. Parece que ellos sí van a estar así por toda la eternidad —comentó Zeus mientras se reía entre dientes —. No me gustaría estar en su lugar.

—¡A nadie le gustaría! —exclamó Rolói antes de que ambos amigos empezasen a carcajearse —. Por cierto, ¿por qué no has querido cambiar tu entidad y ser un daimon? Lo mereces.

—Me siento honrado por lo que me habéis ofrecido, pero me gusta mi entidad real. Además que sería mucha más responsabilidad para mi. Me convertiría en un emisario vuestro y eso serían más ataduras —Zeus negó con la cabeza y le mostró una amplia sonrisa —. Sé que he tomado la mejor decisión.

Se levantó y sacudió los pantalones, quitándose la capa de polvo que se había quedado en ellos. Inspiró hondo con los ojos cerrados y los bigotes moviéndose a causa de la brisa marina.

Habían sido unos años duros para Zeus; sin haberlo previsto, le habían embarcado en una gran aventura que le obligó a recopilar una enorme cantidad de datos sobre el mundo en el que vivían. Rolói se había convertido en su compañero de viaje, y le había llevado tanto al pasado más lejano como al presente más cercano, había visto y vivido cosas que solamente los Dioses, Duques y algunos otros seres longevos o tocados por la inmortalidad también conocían.

Se había convertido en un investigador, un mensajero y un observador. Le habían dado la oportunidad de convertirse en un mensajero y consejero de los dioses, pues los llamados “daimones” eran una de las entidades con las que no se nacía, sino que eran los dioses los que te la otorgaban, y él lo había declinado para seguir siendo un animal con razón.

Y ahora el joven sabía que debía volverse a poner en marcha.

—¿Qué vas a hacer ahora? ¿No vas a descansar un poco ahora que estamos en tu tierra?

—No puedo Rolói. Cuando era pequeño siempre pensé que no vería nada más allá de Atenas, ¡hasta que os presentastéis tú y Karl y me disteis la oportunidad de ver tanto!
»Quiero seguir andando y ver el futuro con mis ojos, ya que tú has restringido ese acceso. Además, Euthys me ha pedido que busque un grabador que sea capaz de sintetizar toda la información de las 13 entidades para poder educar al mundo, para que los humanos dejen la caza a la que han sometido a todos los seres con poder mágico.

—Muy ambicioso es lo que quiere la Diosa del Orden… ¡Es tan propio de ella!

Zeus rió entre dientes mientras Rolói negaba con la cabeza y suspiraba.

—Alguno encontraré, estoy seguro —afirmó confiado —. Y ahora es momento de ponerme en marcha.

—De ponernos en marcha. No puedes hacer este viaje solo, y no tienes porqué encontrar en esta época a ese artesano —Rolói se levantó y miró por unos momentos hacia los tres personajes que discutían y ahora les miraban. Un asentimiento afirmativo de cabeza por parte de la chica morena y el chico de pelirrojo le hizo volverse hacia Zeus —. Y los Primeros Dioses están de acuerdo con ello.

Zeus no dijo nada más, simplemente hizo un gesto afirmativo radiante de felicidad y se encaminó de nuevo dentro del edificio del que habían salido hacía unas horas, quería prepararse bien todo lo que necesitaba.

El mundo acababa de cambiar. La magia y los dioses volvían a ser una realidad. Los seres que hasta el momento habían estado ocultos, ahora eran reconocidos y hasta sabían más de ellos mismos que antes. Y Zeus estaba preparado para buscar a aquel que fuese capaz de enseñar el nuevo mundo a través de la imagen.

Comentarios

  1. Un relato más que va dando cada vez una forma más definida a este mundo que captó mi interés desde el principio. Me ha encantado la manera de presentar este avance al mismo tiempo que nos muestras a un par de personajes que se me han hecho muy entrañables (¡Zeus ya es de mis favoritos! :D), además de mostrarnos indirectamente a un conocido trío que los conocedores de esta saga habrán podido identificar sin problema (y los que nos, os invito a hacerlo y conocer a fondo esta historia). Espero con ganas tu siguiente publicación, preguntándome qué será lo siguiente (y quién será el siguiente personaje que plasmes :o)

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