Mundo Sin Nombre #13 - Nodriza

Hubo un tiempo, muy lejano y prácticamente olvidado, en que las supersticiones y creencias sin fundamento estaban por todas partes. Daba igual que humanos, magos, hechiceros, elfos o quién fuese investigase en nombre de Taban, la Duquesa de la Ciencia, las habladurías eran más fuertes en una época en que el conocimiento solamente estaba al alcance de unos pocos elegidos; y muchas veces la falta de comprensión, el miedo u otros factores alejados de la razón conseguían que, hasta aquellos que podían llegar al conocimiento, lo ignorasen.

Una de tantas creencias infundadas era el aceptar que tener una relación cercana con magos y hechiceros podía procurar a los simples humanos algún tipo de poder, como si la magia que almacenaban o manipulaban pudiese ser transferida a entidades que no estaban preparadas para soportar su poder. Al menos ese tipo de ideas pudo mantener durante algo más de un milenio cierta armonía entre las entidades; y que cuando empezasen los problemas serios, no todos fuesen castigados, torturados o aniquilados por tener una habilidad “especial”.

—Nuestro primogénito nacerá pronto. Y aún no me habéis provisto de una nodriza adecuada —la voz de la mujer sonaba crispada. Estaba acomodada sobre un butacón lleno de cojines, pero la ropa no ocultaba su avanzado estado de gestación.

—Soy consciente de ello señora mía. Pero encontrar actualmente una bruja de gran poder que pueda amamantar es tarea difícil —el hombre, ataviado con vestimentas caras y de semblante adusto se mantenía encorvado, en un vano intento de aplacar la molestia de su esposa.

—¡No voy a tolerar ningún “pero” en mi presencia. Nuestro hijo, tu heredero y futuro Rey debe conseguir los poderes de esos seres. Así podremos educarlo para que doblegue a todos y se cumpla única y exclusivamente su voluntad!.

Los ojos de la mujer brillaban de gozo, al contrario que los de su esposo. Éste no sabía si era por la educación que ella había tenido, por los libros que había leído o porque la endogamia a la que estaban sometidos reyes, reinas, príncipes, princesas, infantes e infantas le había afectado el cerebro, pero la fijación que tenía ella por todas las criaturas mágicas era enfermiza, ¡hasta creía las habladurías de que la leche materna de esos seres daba poderes a los humanos! Y lo peor, para él, es que quería salvarlos...

En cambio él no soportaba ese tipo de criaturas, quería acabar con ellas en todo su país y hacía la vista gorda a cada uno de los terribles desastres que causaba su gente, luego se podía volver a arreglar, lástima que las intenciones de su esposa no. A aquel monarca no le quedaba más remedio que hacerle caso y cumplir con su voluntad, o capaz sería de matar al heredero que iban a tener (así se lo había hecho saber en más de una ocasión).

Tras un largo e intenso silencio, él decidió hacerle una reverencia a su esposa y salir de la estancia, dispuesto a cumplir su deber, aunque no le gustase la idea de tener un heredero con poderes mágicos.

Comentarios