Mundo Sin Nombre #11 - Bifurcarse

Un camino gris se extendía a lo largo de un páramo sin fin color negro. La luz parecía provenir de todas partes y a la vez de ninguna, pues no se veía fuente de alguna para iluminar el lugar, pero ahí estaban ellos, cuatro personajes que fácilmente podrían decirse que eran iguales, pero que cuando se veían mejor, el parecido entre ellos era solamente se apreciaba de dos en dos.

Eran dos chicas y dos chicos, delgados, de rostros alargados y pelo rojizo, aunque una de las chicas y uno de los chicos lo tenían de un color más intenso, además de ser algo más bajos que los otros dos, sus ojos eran de un brillante color rojo en la chica y azul en el chico. Por contra, los dos más altos y de pelo más oscuro tenían un ojo de cada color: morado y azul.
Llevaban una conversación distendida, reían y hasta parecían bromear, pero sus voces eran apagadas por el enorme lugar en el que estaban, se oían ellos, pero ningún eco volvía y tampoco ningún otro sonido se escuchaba.

A lo lejos vieron que el largo camino que estaban trazando empezaba a bifurcarse. Sus sonrisa felices empezaron a cambiar, por unas de más melancólicas y tristes, pero aún así se resistian a desaparecer, ni cuando llegaron al final del camino en el que una de las bifurcaciones se volvía de color blanco y la otra seguía gris.

—Nosotros debemos seguir por este camino. —Dijo la chica más alta mientras se volvía hacía los de pelo rojizo y señalaba con el pulgar la senda blanca.

— ¡Nos lo hemos pasado muy bien este rato! Es una lástima que debamos separarnos…— respondió el chico de los brillantes ojos azules—. ¿Dónde vais? No os lo hemos preguntado.

— Al Mundo Sin Nombre. Nos están esperando. —Respondió el chico de ojos morados y azules.

— Es una lástima que no os podamos seguir acompañando— la joven de ojos rojos se adelantó al chiquillo, tendiéndoles la mano a sus acompañantes, el otro le imitó—. Aunque estamos seguro que vais a conseguir aquello que nos fue vetado.

— No dudéis de ello. Somos los herederos.

Los gemelos más altos respondieron al unísono, recuperando la gran y feliz sonrisa que momentos antes era algo más tristona.

Estrecharon la mano con los dos que habían sido sus compañeros hasta el momento y se separaron, cada pareja tomó la ruta que le correspondía, con firmeza y sin vacilar, pues la suerte y los cambios estaban echados y dispuestos a no ser errados.

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