Mundo Sin Nombre #17 - Días de playa
Hacía días que tenía ganas de hacer un relato así, distentido y de humor, ¡creo que lo he conseguido! Además, el Manga y Anime (de lo que no puedo negar mi influencia) siempre tienen este tipo de capítulos en sus series, ¿por qué en el Mundo Sin Nombre iba a ser diferente? ¡Pues aquí lo tenemos!
De paso, he podido escribir sobre dos personajes con los que tenía muchas ganas de trabajar, S. Desconocido y Loup, unos personajes que algún día veréis en su historia.
Así que sin más dilación, aquí os dejo el capítulo, ¡espero que lo disfrutéis!
La libertad había llegado a ellos, ¡ADIÓS AL CURSO! Llevaban unos días que no paraban quietos, cambiaban una terraza por otra en cuánto veían que necesitaban estirar un poco las piernas, o les echaban porque el restaurante en donde habían comido ya tenía que cerrar. Pero ese día iban a ser totalmente libres, no les iban a echar por estar allí, riendo yrecordando los mejores momentos del curso, o inventándose historias de lo que podría haber pasado o dejado de pasar, ese día era suyo y de nadie más: era su día de playa.
El sol brillaba con fuerza, el olor salado del mar entraba en sus fosas nasales e inundaba hasta el último rincón de sus pulmones. Corría una agradable brisa que mitigaba el calor de las primeras horas de la tarde y movía el mar, provocando olas que salpicaban a la gente que andaba por la orilla y ofrecían a los jóvenes el placentero juego de tirarse contra las olas más grandes.
El grupo estaba al completo y solo con verlos ya se veía lo mucho que destacaban entre las familias que estaban allí: dos zeferáneos, uno de pelo rubio que parecía una mezcla entre un lobo y un zorro y el otro un conejo negro con un colgante rojo en forma de corazón, una muchacha de rostro pálido y pelo negro, además de otras entidades muy singulares, pero esas tres eran las que estaban más juntas, mirando el mar, cuya tranquilidad se había reducido a un triste pasado inmediato.
El trío tenía sus ojos clavados en una figura que se movía sobre las olas de un lado a otro sin parar, con una cometa y una tabla. Los tres sabían que el viento del lugar no era tan fuerte como para que su compañero se moviese de aquella forma, por lo que estaban seguros que usaba su magia para ello. No lo aprobaban ni de lejos y empezaban a estar algo preocupados por lo que podría ocurrir como siguiese comportándose como el descerebrado que siempre era, pero ninguno de lo tres se atrevía a abrir la boca.
—¡Nya! ¡¿Cuándo va a detenerse ese imbécil?! ¡Seguro que nos pone a todos en un compromiso!
Una cuarta persona se unió al trío, una chica de largo pelo negro y grandes ojos gatunos. Se puso la mano como si fuese una visera para taparse del sol y tenía sus orejas bien erguidas hacia delante, atenta a cualquier cosa. Sonreía enseñando los dientes, aunque había acabado de insultar a su compañero, era obvio que se divertía.
—¡No levantes la voz Ariel! —el conejo negro fue el primero en hablar, con voz grave y gesto preocupado —. Llevamos varios días sin que S. Desconocido nos meta en problemas, ¡no llames el gafe!
—Tanto como varios días… —dijo la chica pálida, sin quitar ojo de su compañero —. El otro día montó un numerito en el restaurante…
—Jejeje. Pero eso fue porque estaba muy cómodo en la terraza y no le dijeron que era hora de cerrar, Prue. Cuando se lo dijeron, se calmó. —Esta vez fue el gran lobo zorruno el que intervino en defensa de su compañero. —No va a ponernos en problemas, ¿verdad que no, Will?
—Claro que no. Ningún problema.
El conejo negro se cruzó de brazos con una expresión iracunda, los demás le miraron con una sonrisa amable y se fijaron de nuevo en su compañero surcar las olas.
Y mientras todos miraban a su compañero, éste disfrutaba del aire en su rostro y el salpicar del mar. Era complicado saber algo sobre S. Desconocido, tenía rasgos propios de un elfo (orejas largas y cuerpo delgado y esbelto), aunque su comportamiento era la antítesis de lo que se esperaría de esa entidad. Pero lo más extraño de todo era que en todo ese tiempo que lo conocían, nunca lo habían visto sin un gorro.
—¡YAAAAAAAAH!
S. Desconocido era escandaloso como el que más y sus gritos de júbilo se extendían por todo el lugar, pero estaba feliz y lo hubiese seguido siendo si en su camino no se hubiera encontrado con aquella mujer que tomaba el sol sobre una colchoneta.
—Va siendo hora de recoger… —comentó de pronto Will con pesimismo al ver el rostro descompuesto de su colega —. Y de huir.
La escena realmente fue muy rápida, aunque a toda la clase le pareció que era una eternidad.
S. Desconocido perdió totalmente la concentración al verla a ella y el viento que estaba generando para moverse a gran velocidad acabó en un suspiro, ¿el resultado? Un frenazo que le hizo trastabillar y caer contra la mujer, para luego salir disparado y dar varias vueltas sobre el agua, quedándose inerte boca-abajo, pero aún se le veía respirar… O a lo mejor eran las olas.
—¡TÚ! ¡SACO DE GRITOS Y PROBLEMAS!
La mujer, de pelo rojo recogido y ojos castaño claro, estaba a unos metro de él, ilesa y levitando sobre el agua. Su mirada delataba una odio incontenido y por el gesto de su mano, estaba preparando algún tipo de hechizo.
—¡ESTOY HARTA DE TUS SALIDAS! ¡NO SOLO DAS PROBLEMAS DURANTE EL CURSO, SINO QUE NI EN LA PLAYA SE PUEDE ESTAR EN PAZ!
Aquella persona seguía gritándole, le daba totalmente igual si aquel joven estaba muerto sobre el agua o no. Se conocían y nunca habían tenido una buena relación (¡suerte que ya no era su profesora! pensaron los compañeros que venían la escena), por lo que no le iba a dar ninguna lástima lanzarle el hechizo que estaba cargando.
Estiró el brazo hacia el chaval que aún no se movía con una sonrisa diabólica en su rostro. Al fin iba a darle su merecido. O eso fue lo que pensaba hasta que el primer rayo que salió de su mano fue detenido por una columna de tierra que salió entre ella y S. Desconocido.
Lanzó otro rayo.
Volvió a deternerse.
Y otro.
Y otra columna.
Otro más. Con más fuerza y más ira.
Una columna de tierra y agua mucho más grande.
Los alumnos empezaban a sudar, y no por el calor precisamente. Su antigua profesora empezaba a perder los estribos y el cuerpo de S. Desconocido seguía sin mostrar ni una sola señal. Pero los rayos seguían siendo detenidos por columnas de tierra.
Presa de todo su odio e ira, la mujer preparó un nuevo ataque cargado, esta vez parecía estar conjurando algo de hielo, pues el agua a su alrededor se estaba congelando. Se dispuso a lanzarlo, dándole totalmente igual qué podría ocurrir a tan corta distancia con el joven alumno. Diría que fue en defensa propia. Sí, eso valdría con alguien tan irresponsable, cabezota, vago, problemático y despistado como era aquel que yacía frente suyo.
Lanzó el ataque, con toda la maldad del mundo dibujada en su cara. Nadie de los que estaban allí se atrevía a ir a socorrer a su amigo. Total, él se lo había buscado, ¿no?
—Saluda a tus hermanastros y, sobretodo a tu padre, le va a hacer mucha ilusión verte de nuevo… —siseó la mujer mientras lanzaba el ataque.
Y hasta el mar alrededor de ellos se congeló mientras el rayo helado se dirigía con fuerza a S. Desconocido.
Del grupo de compañeros, todos se taparon para no ver qué iba a ocurrir, a excepción de Loup, Will y Prue, que miraban sin ocultar en absoluto la poca preocupación que tenían.
El frío se acercó peligrosamente al cuerpo del chico.
Y una columna de fuego azul lo detuvo.
—¡¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!! ¡PENSABAS QUE ME IBAS A DAR! ¡QUÉ INOCENTE ERES!
S. Desconocido se levantó de pronto y miró desafiante a la profesora, sonreía con malicia, pero no de odio, más bien de diversión y triunfo por haberle hecho creer que podría acabar con él. La miró de arriba abajo, y acabó alzando una ceja con una expresión burlona en su rostro.
—¡¿Por qué estás flotando sobre el agua?! ¿Eres demasiado “cool” como para mojarte un poco esos refinados pies tuyo? —El chico exageró las comillas con los dedos, riendo sin parar mientras andaba a grandes zancadas para salpicar todo lo posible.
—Es incorregible…— comentó Prue, viendo la lejana escena con vergüenza.
El chico andó un poco más, hasta que se volvió a caer de bruces contra el agua, ante la desencajada mirada de la profesora.
—Y un inútil —agregó Will —. Hay que ir a por él, antes de que nos ponga en más problemas. ¿Loup?
El gran animal asintió relamiéndose y se preparó para ir en su recogida. Los demás compañeros ya se habían alejado para que la ira de la profesora no les alcanzase, pero ellos no podían dejar a su colega solo (por el bien de la gente que estaba de vacaciones).
De todas formas, la escena que tenían de aquellos enemigos declarados era absurda: la mujer seguía atacando al chaval, que la esquivaba haciendo carambolas en la orilla del agua o que, alguna que otra vez, detenía los golpes con algún hechizo.
Pero en el momento justo en que se detuvieron los dos, una para coger aire y el otro porque se había vuelto a caer, el gran zorro lobuno apareció tras el chico y se lo cargó en el hombro.
—¡Loup! ¡BÁJAME, NOS ESTAMOS DIVIRTIENDO! —se quejó S. Desconocido mientras le daba golpes en la espalda como si fuese un niño con una pataleta.
—No os estáis divirtiendo. Te está intentando matar, como de costumbre, y tú estás molestando a todos los demás —el zeferáneo miró a la profesora y saludó —. Señorita, en nombre de todos los compañeros, sentimos que éste atolondrado te haya molestado. Esperamos que tenga un buen verano y no nos veamos el curso que viene. Por nuestro bien.
Tras una sutil reverencia, Loup volvió de un salto a dónde los demás le esperaban con impaciencia e ignorando totalmente las quejas de su problemático compañero, que aún se seguía revolviendo. No se preocuparon en volver la vista atrás, no querían ver a su profesora y tener que enfrentarse a la ira que debía estar acomulando. La mejor opción era huir de allí, llevar al hostigador como si de un saco se tratase y esperar que el curso que viene no les diese ninguna asignatura nueva.
De paso, he podido escribir sobre dos personajes con los que tenía muchas ganas de trabajar, S. Desconocido y Loup, unos personajes que algún día veréis en su historia.
Así que sin más dilación, aquí os dejo el capítulo, ¡espero que lo disfrutéis!
Libre #13 - Días de playa
La libertad había llegado a ellos, ¡ADIÓS AL CURSO! Llevaban unos días que no paraban quietos, cambiaban una terraza por otra en cuánto veían que necesitaban estirar un poco las piernas, o les echaban porque el restaurante en donde habían comido ya tenía que cerrar. Pero ese día iban a ser totalmente libres, no les iban a echar por estar allí, riendo yrecordando los mejores momentos del curso, o inventándose historias de lo que podría haber pasado o dejado de pasar, ese día era suyo y de nadie más: era su día de playa.
El sol brillaba con fuerza, el olor salado del mar entraba en sus fosas nasales e inundaba hasta el último rincón de sus pulmones. Corría una agradable brisa que mitigaba el calor de las primeras horas de la tarde y movía el mar, provocando olas que salpicaban a la gente que andaba por la orilla y ofrecían a los jóvenes el placentero juego de tirarse contra las olas más grandes.
El grupo estaba al completo y solo con verlos ya se veía lo mucho que destacaban entre las familias que estaban allí: dos zeferáneos, uno de pelo rubio que parecía una mezcla entre un lobo y un zorro y el otro un conejo negro con un colgante rojo en forma de corazón, una muchacha de rostro pálido y pelo negro, además de otras entidades muy singulares, pero esas tres eran las que estaban más juntas, mirando el mar, cuya tranquilidad se había reducido a un triste pasado inmediato.
El trío tenía sus ojos clavados en una figura que se movía sobre las olas de un lado a otro sin parar, con una cometa y una tabla. Los tres sabían que el viento del lugar no era tan fuerte como para que su compañero se moviese de aquella forma, por lo que estaban seguros que usaba su magia para ello. No lo aprobaban ni de lejos y empezaban a estar algo preocupados por lo que podría ocurrir como siguiese comportándose como el descerebrado que siempre era, pero ninguno de lo tres se atrevía a abrir la boca.
—¡Nya! ¡¿Cuándo va a detenerse ese imbécil?! ¡Seguro que nos pone a todos en un compromiso!
Una cuarta persona se unió al trío, una chica de largo pelo negro y grandes ojos gatunos. Se puso la mano como si fuese una visera para taparse del sol y tenía sus orejas bien erguidas hacia delante, atenta a cualquier cosa. Sonreía enseñando los dientes, aunque había acabado de insultar a su compañero, era obvio que se divertía.
—¡No levantes la voz Ariel! —el conejo negro fue el primero en hablar, con voz grave y gesto preocupado —. Llevamos varios días sin que S. Desconocido nos meta en problemas, ¡no llames el gafe!
—Tanto como varios días… —dijo la chica pálida, sin quitar ojo de su compañero —. El otro día montó un numerito en el restaurante…
—Jejeje. Pero eso fue porque estaba muy cómodo en la terraza y no le dijeron que era hora de cerrar, Prue. Cuando se lo dijeron, se calmó. —Esta vez fue el gran lobo zorruno el que intervino en defensa de su compañero. —No va a ponernos en problemas, ¿verdad que no, Will?
—Claro que no. Ningún problema.
El conejo negro se cruzó de brazos con una expresión iracunda, los demás le miraron con una sonrisa amable y se fijaron de nuevo en su compañero surcar las olas.
Y mientras todos miraban a su compañero, éste disfrutaba del aire en su rostro y el salpicar del mar. Era complicado saber algo sobre S. Desconocido, tenía rasgos propios de un elfo (orejas largas y cuerpo delgado y esbelto), aunque su comportamiento era la antítesis de lo que se esperaría de esa entidad. Pero lo más extraño de todo era que en todo ese tiempo que lo conocían, nunca lo habían visto sin un gorro.
—¡YAAAAAAAAH!
S. Desconocido era escandaloso como el que más y sus gritos de júbilo se extendían por todo el lugar, pero estaba feliz y lo hubiese seguido siendo si en su camino no se hubiera encontrado con aquella mujer que tomaba el sol sobre una colchoneta.
—Va siendo hora de recoger… —comentó de pronto Will con pesimismo al ver el rostro descompuesto de su colega —. Y de huir.
La escena realmente fue muy rápida, aunque a toda la clase le pareció que era una eternidad.
S. Desconocido perdió totalmente la concentración al verla a ella y el viento que estaba generando para moverse a gran velocidad acabó en un suspiro, ¿el resultado? Un frenazo que le hizo trastabillar y caer contra la mujer, para luego salir disparado y dar varias vueltas sobre el agua, quedándose inerte boca-abajo, pero aún se le veía respirar… O a lo mejor eran las olas.
—¡TÚ! ¡SACO DE GRITOS Y PROBLEMAS!
La mujer, de pelo rojo recogido y ojos castaño claro, estaba a unos metro de él, ilesa y levitando sobre el agua. Su mirada delataba una odio incontenido y por el gesto de su mano, estaba preparando algún tipo de hechizo.
—¡ESTOY HARTA DE TUS SALIDAS! ¡NO SOLO DAS PROBLEMAS DURANTE EL CURSO, SINO QUE NI EN LA PLAYA SE PUEDE ESTAR EN PAZ!
Aquella persona seguía gritándole, le daba totalmente igual si aquel joven estaba muerto sobre el agua o no. Se conocían y nunca habían tenido una buena relación (¡suerte que ya no era su profesora! pensaron los compañeros que venían la escena), por lo que no le iba a dar ninguna lástima lanzarle el hechizo que estaba cargando.
Estiró el brazo hacia el chaval que aún no se movía con una sonrisa diabólica en su rostro. Al fin iba a darle su merecido. O eso fue lo que pensaba hasta que el primer rayo que salió de su mano fue detenido por una columna de tierra que salió entre ella y S. Desconocido.
Lanzó otro rayo.
Volvió a deternerse.
Y otro.
Y otra columna.
Otro más. Con más fuerza y más ira.
Una columna de tierra y agua mucho más grande.
Los alumnos empezaban a sudar, y no por el calor precisamente. Su antigua profesora empezaba a perder los estribos y el cuerpo de S. Desconocido seguía sin mostrar ni una sola señal. Pero los rayos seguían siendo detenidos por columnas de tierra.
Presa de todo su odio e ira, la mujer preparó un nuevo ataque cargado, esta vez parecía estar conjurando algo de hielo, pues el agua a su alrededor se estaba congelando. Se dispuso a lanzarlo, dándole totalmente igual qué podría ocurrir a tan corta distancia con el joven alumno. Diría que fue en defensa propia. Sí, eso valdría con alguien tan irresponsable, cabezota, vago, problemático y despistado como era aquel que yacía frente suyo.
Lanzó el ataque, con toda la maldad del mundo dibujada en su cara. Nadie de los que estaban allí se atrevía a ir a socorrer a su amigo. Total, él se lo había buscado, ¿no?
—Saluda a tus hermanastros y, sobretodo a tu padre, le va a hacer mucha ilusión verte de nuevo… —siseó la mujer mientras lanzaba el ataque.
Y hasta el mar alrededor de ellos se congeló mientras el rayo helado se dirigía con fuerza a S. Desconocido.
Del grupo de compañeros, todos se taparon para no ver qué iba a ocurrir, a excepción de Loup, Will y Prue, que miraban sin ocultar en absoluto la poca preocupación que tenían.
El frío se acercó peligrosamente al cuerpo del chico.
Y una columna de fuego azul lo detuvo.
—¡¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!! ¡PENSABAS QUE ME IBAS A DAR! ¡QUÉ INOCENTE ERES!
S. Desconocido se levantó de pronto y miró desafiante a la profesora, sonreía con malicia, pero no de odio, más bien de diversión y triunfo por haberle hecho creer que podría acabar con él. La miró de arriba abajo, y acabó alzando una ceja con una expresión burlona en su rostro.
—¡¿Por qué estás flotando sobre el agua?! ¿Eres demasiado “cool” como para mojarte un poco esos refinados pies tuyo? —El chico exageró las comillas con los dedos, riendo sin parar mientras andaba a grandes zancadas para salpicar todo lo posible.
—Es incorregible…— comentó Prue, viendo la lejana escena con vergüenza.
El chico andó un poco más, hasta que se volvió a caer de bruces contra el agua, ante la desencajada mirada de la profesora.
—Y un inútil —agregó Will —. Hay que ir a por él, antes de que nos ponga en más problemas. ¿Loup?
El gran animal asintió relamiéndose y se preparó para ir en su recogida. Los demás compañeros ya se habían alejado para que la ira de la profesora no les alcanzase, pero ellos no podían dejar a su colega solo (por el bien de la gente que estaba de vacaciones).
De todas formas, la escena que tenían de aquellos enemigos declarados era absurda: la mujer seguía atacando al chaval, que la esquivaba haciendo carambolas en la orilla del agua o que, alguna que otra vez, detenía los golpes con algún hechizo.
Pero en el momento justo en que se detuvieron los dos, una para coger aire y el otro porque se había vuelto a caer, el gran zorro lobuno apareció tras el chico y se lo cargó en el hombro.
—¡Loup! ¡BÁJAME, NOS ESTAMOS DIVIRTIENDO! —se quejó S. Desconocido mientras le daba golpes en la espalda como si fuese un niño con una pataleta.
—No os estáis divirtiendo. Te está intentando matar, como de costumbre, y tú estás molestando a todos los demás —el zeferáneo miró a la profesora y saludó —. Señorita, en nombre de todos los compañeros, sentimos que éste atolondrado te haya molestado. Esperamos que tenga un buen verano y no nos veamos el curso que viene. Por nuestro bien.
Tras una sutil reverencia, Loup volvió de un salto a dónde los demás le esperaban con impaciencia e ignorando totalmente las quejas de su problemático compañero, que aún se seguía revolviendo. No se preocuparon en volver la vista atrás, no querían ver a su profesora y tener que enfrentarse a la ira que debía estar acomulando. La mejor opción era huir de allí, llevar al hostigador como si de un saco se tratase y esperar que el curso que viene no les diese ninguna asignatura nueva.
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