Mundo Sin Nombre #16 - La musa y el artesano

¡Al fin un relato después de unas semanas de descanso!

En honor a la verdad, no han sido semanas de descanso, estaba ultimando mi TFM (que al final ha sido retrasado hasta octubre) y no tenía tiempo de escribir. Pero aquí he vuelto, con un relato relativamente libre, pero que transcurre dentro de el Mundo Sin Nombre, hablando de musas, personajes que ya conocéis y también de la aparición de un nuevo personaje, uno de muy importante para Sin Nombre.

¡Espero que lo disfrutéis!

Libre #11 - La musa y el artesano 

Él la necesitaba y era consciente de ello. Cuando el gato que hablaba y los dos dioses fueron a buscarlo, nunca pensó que su vida cambiaría tanto. Él, Hugo Weorc, primero pensó que se trataba de una broma. El joven creyó firmemente que aquel hombre, que se presentó a si mismo como un Dios, de caras prendas y bastón le tomaba el pelo, que aquello que él llamaba “Mundo Sin Nombre” no existía, como tampoco lo hacía la magia que tanto nombraba.

Cuando la denominada deidad empezó a mostrarle varios hechizos, Hugo siguió creyendo que era todo fruto de algún tipo de truco perpetrado por un ilusionista de gran categoría. No es que aquel joven no creyese en los seres fantásticos y en la magia, lo que le pasaba es que quería creer demasiado y eso le llevó muchos disgustos durante gran parte de su juventud, es por ello que se refugió en el mundo del arte, volviéndose un experto en técnicas de impresión.

Pero en un extraño punto, todo había cambiado. Le habían ido a buscar para encarnar una importante tarea y se había bloqueado en el peor momento. Le necesitaban, necesitaban sus habilidades y sus técnicas, necesitaban que diese imagen al mundo que se había formado gracias a la ayuda de unos pocos. Y lo necesitaban ya.

—Oh Dioses… ¿Dónde debes estar? —un lastimero sollozo salió de entre los labios de Hugo, que miraba desolado la gran hoja en blanco que había frente a él.

Cuando llegó una parte de él se sintió totalmente desolado, todo era muy diferente a lo que él conocía. Le habían advertido de ello y prometido que volvería a ver lo que conocía, pero mejorado. Les había creído y se había acostumbrado a esa nueva forma de vivir, pero en esos momentos había algo que le faltaba. O a alguien.

Los ojos del artesano seguían clavados en el papel, sus manos estaban a cada lado de su cabeza, con los dedos apretados para ver si alguna idea salía de ella o si le acaba de explotar. El tiempo corría en lo que para él era una eternidad, hasta que sucedió. Un destello cruzó el lugar y en un parpadeo, un largo cabello de un potente color morado caía sobre el papel. Hugo tardó un poco en reaccionar, parpadeó varias veces hasta que al final se fijó bien y, fue entonces, cuando se levantó rápidamente, sorprendido y atónito. Buscó con la mirada por todos los lados, sabía a quién pertenecía ese pelo, pero no la veía. Finalmente escuchó una risueña voz a sus espaldas, y allí estaba, a aquella que había estado esperando.

—Creí que me habías abandonado… —empezó a decir Hugo, acercándose con cautela pero con el rostro lleno de ilusión.

—Nunca podría abandonarte, Hugo Weorc —fue la respuesta que recibió de ella, que tenía una voz dulce que acompañaba con su rostro de finos rasgos y piel blanquecina.

—¿Y por qué me has dejado tanto tiempo solo?

Hugo no hablaba en tono de reproche, más bien era lástima y disculpa. Ella, que andaba como una bailarina, se acercó a él y le acarició la mejilla.

—Siempre he estado aquí. Pero no podías verme, no te lo permitía. —Hugo la miró lastimosamente, como si esa frase le hubiese dolido más que un puñal clavado en el corazón. —Necesitaba saber dónde estaba tu corazón. O si buscarías lo que otras pueden darte y yo no.

—Lo que otras me pueden dar no me interesa. Solamente tú, mi musa…

—Me hace feliz escuchar esas palabras —la mujer sonrió y se acercó a él para depositar un beso en la mejilla del artesano —. Vuelve a trabajar. El Mundo Sin Nombre te necesita.

Y como si un hechizo hubiese sido renovado, Hugo sintió que el baúl que se había cerrado con llave, volvía a abrirse. Se apartó de la musa y la miró agradecido antes de volver a su trabajo y empezar a garabatear. Ahora que ella volvía a estar a su lado, sabía que podría con el trabajo que le habían encomendado.

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Si os ha gustado, os animo a que dejéis un comentario o me invitéis a un café, ¡gracias!

 

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