Reflejos #4.2 - Defensa, información y política

Los primeros en entrar en el gran salón fueron los periodistas. Seguían al enorme animal de comportamiento humano, que les guió a través del pasillo central hacia una de las puertas que estaba en el lateral de la zona del presidente de la sala.

Tanto los más veteranos como los más jóvenes, se sentían abrumados ante el espectacular diseño del lugar y su ornamentación, de estilo rococó. Daba la impresión que el tamaño del salón podría albergar a más de 500 personas. El espacio delimitado para cada entidad estaba marcado por el color de los bancos y por un ancho pasillo que los separaba. En el centro de la primera fila se hallaba un pequeño atril, para que desde ahí diesen su discurso los portavoces. Por último, varios palcos flanqueaban la sala, uno justo en el centro, sobre la entrada principal y varios a los laterales.

—No coloquéis ningún artilugio que pueda ayudaros a conseguir información complementaria —la voz del animal retumbó por el lugar. No había alzado el volumen, pero el eco y la profundidad de su tono le conferían un aura de respeto —. Seguidme.

Algunos de los periodistas se movieron con nerviosismo y a otros se les veía guardar algo en sus bolsillos y carteras. No había sido necesario agregar nada más, pero Quora pudo contemplar, con una mueca de desdén, que los periodistas con magia hacían caso de la orden.

Subieron por una de las puertas tras la mesa de la sala y el guía les llevó hasta uno de los palcos. La periodista fue de las primeras en entrar y se encontró de lleno en que estaban situados justo detrás de la presidencia de la sala. Desde ahí era imposible saber qué podrían tener los políticos en sus notas, pero le daba una visión perfecta de todos y cada uno de ellos para observarlos y analizarlos. Si eras un tipo de persona que sabía leer entre líneas y hacer preguntas adecuadas, ese era el mejor lugar que uno podría desear. Finalmente Quora se sentó en lo que, para ella, era el mejor lugar para controlar la sala: justo en el centro, que daba también justo con el centro de los bancos del gobierno central.

Pasados unos minutos, los políticos empezaron a entrar ordenadamente, tal y como marcaba el protocolo. Primero fueron las bestias mitológicas y los féraneos, seguidos por los feéricos; tras ellos llegaron los enanos y goblins, que andaban con la cabeza alta y llena de orgullo por ir delante de los elfos, que entraron igualmente orgullosos. El penúltimo grupo fue el gobierno central, en el que también tenían representación los magos, humanos y hechiceros (al ser las entidades mayoritarias y más jóvenes del mundo, se decidió en su momento que ellos estarían representados únicamente por dicho gobierno). El último grupo fue el de los No-Muertos, aunque solamente estaban los vampiros.

Entraron con solemnidad, Thompson encabezaba la marcha por ser el representante y a su lado iba una vampiresa entrada en edad, que seguramente sería la portavoz del grupo. Quora escuchó a los periodistas comentar sorprendidos que Musa, el vampiro que había estado con Charles, no fuese el portavoz y estuviese al final de la fila. Pero a ella no le pareció nada fuera de lo normal, era una estrategia sensata; si Musa parecía estar relegado, ninguna de las entidades que estaban en contra de la propuesta podrían decir que tenían un pacto con el gobierno, porque el principal contacto estaba lejos del grupo principal. Los vampiros estaban mostrando desde el primer momento que eran razonables y tenían estrategia.

Musa no estaba nada cómodo. Andaba arrastrando los pies y con el ceño fruncido. Ser de los últimos le parecía un insulto después de haber conseguido llegar hasta aquel debate. Pero así lo habían decidido tras una gran discusión meses atrás. “Si eres el portavoz, dirán que hemos influenciado al Gobierno Central, ¡tenéis contacto directo con el ejecutivo!”, esa era la excusa que le habían dado. El vampiro sabía que tenían razón, que tenían que aparentar lo máximo posible, pero le gustaba demasiado ser el centro de atención como para conformarse en estar en un lugar secundario.

Tras tomar asiento, el vampiro miró a su alrededor y vio que Charles ocupaba el lugar a la derecha del Primer Ministro. Lo miró con recelo, si estaba ahí quería decir que era el portavoz, y no había nada en lo que estuviese más en desacuerdo. El No-Muerto sabía de la condición real de Charles y ambos conocían lo muy peligroso que era exponerse de esa forma ante todas las entidades en un momento tan importante para los suyos. Pero el político le había dicho una y otra vez que estaba todo bajo control y se relajase, así que no le quedaba más que creerle. La mirada de los hombres se cruzó y Charles le sonrió mientras le apuntaba con la barbilla hacia arriba.

Musa giró la cabeza fijándose en la zona que estaban los periodistas y allí vio a la mujer con la que se habían cruzado. Ella les miraba a ambos libreta en mano. El hombre seguía sin entender qué debía de tener en especial para que causará tanto interés en su amigo, pues si no fuese porque lo conocía demasiado bien, todo hubiera parecido indicar que pensaba con la bragueta bajada. La observó tiempo más que suficiente como para empezar a entender a Charles, era la única periodista que se estaba fijando en cosas que los demás no. No perdía el tiempo en lo que parecían conversaciones tribales y la veía mirar detenidamente en todas y cada una de las expresiones de los allí congregados.

—Muy inteligente Magician… —musitó Musa para si mismo mientras volvía a mirar hacia Charles y se encontraba con su cándida expresión de no haber roto nunca un plato.

A Quora no le habían pasado desapercibidas esas miradas del vampiro y el político sobre ella, más bien habían alentado sus ganas de que poder hablar con éste último y hacerle todas las preguntas que le corrían por la cabeza. Pero una campana le hizo desviar su atención y fijarse en la zona de la mesa, los integrantes empezaban a entrar.

Eran nueve en total, uno por cada entidad; más el presidente que era un Daimon. Ninguno de los integrantes de la mesa ni el presidente de la cámara tenían voto u opinión, su lugar ahí era el de interpretar las normas marcadas y poner orden en la sala, además de controlar que no se hiciese un uso fraudulento de las habilidades mágicas de los presentes. El presidente vigilaba el tiempo y se presentaba como la figura más neutral en caso de problemas a la hora de interpretar la normativa, por lo que él tenía la última palabra. Todos los políticos se alzaron mientras aquellos miembros ocupaban sus lugares.

—Buenos días mis señores —saludó el presidente, un enano de larga nariz y mandíbula prominente —. Me complace informaros de la presencia de dos Dioses y Duques en tal día como hoy. Representando al Orden tenemos a Outos, Dios del Destino y a Letha, Duquesa de la Verdad. Como representantes del Caos están Óneiro, Dios de los Sueños y Fleard, Duque de la Mentira. Esperemos que este debate sea digno de su presencia.

Las diferencias entre los dioses eran prácticamente escasas, ambos eran de complexión y estatura media, de pelo rojo ceniza, aunque Óneiro lo tenía muchísimo más claro y largo que su compañero, que lo llevaba corto y le acompaña una barba. Lo que más destacaba en ellos eran sus ojos, Outos los tenía totalmente negros y Óneiro blancos, ninguno de los dos tenía pupilas. En cambio, los duques eran más diferentes. Ella rubia y de piel blanca; él moreno de pelo y rostro, ambos ocultaban parte de su cara tras una máscara; la de Letha era prácticamente transparente y le tapaba todo el rostro menos sus cristalinos ojos, la de Fleard era oscura y le tapaba por completo salvo un trozo de la boca y barbilla. Al contrario que la máscara de su compañera, que era totalmente neutra, la de él estaba llena de surcos, confiriéndole un aspecto mucho más distante y desconfiado.

Los periodistas no tardaron en empezar a cuchichear el por qué habían ido esas deidades y no otras, pero a Quora lo que más le había llamado la atención era que Charles había sido el único en no inmutarse por la presencia de ellos. Ni les había mirado.

—¿No vais a decir nada? —de pronto una voz hizo que Quora mirase a su lado, uno de los periodistas se dirigía a ella —. Os conozco lady McHale. Dicen que sois una gran periodista, pero aún no os he oído opinar.

—Mis opiniones son escritas, señor. Nunca en voz. —respondió secamente.

—Os recordaba más amable —murmuró —. Mas, ¿me diréis qué opináis de la visita de estos dioses, si es que sabéis opinar sola, o deberé antes invitarla a un paseo a orillas del Támesis?

Quora arrugó la nariz tras esa proposición. Ya estaba acostumbrada a ese tipo de salidas, pero no dejaban de asquearle cuando usaban un tono tan condescendiente. De todas formas, algo en la mirada sin brillo de aquel hombre se le hacía muy extraña, parecía estar bajo algún conjuro. Con la compostura recuperada y una sonrisa afable en los labios, decidió responderle.

—Usted y vuestros compañeros creéis que deberían estar aquí el Dios del Equilibrio y la Duquesa de la Justicia. Y deberían estarlo si se pidiese un cambio que afectara al orden establecido o si juzgaramos a alguien, ¿vamos a desequilibrar alguna balanza?, ¿vamos a juzgar a alguien, señor?
»Los vampiros piden una mejora para cumplir un sueño, de ellos y para todos. Tampoco piden que se les juzgue por sus hechos pasados, presentes y futuros, piden el poder cumplir algún día un destino: dejar de ser asesinos entre las sombras— la periodista dejó de mirar a su extraño compañero y paseó sus ojos por la sala.

Primero echó un vistazo a Musa, que observaba a Charles con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Le recordó a un guardia de seguridad. Seguidamente miró a Charles, ese desconocido que tan conocido se le hacía y le dió la sensación de que miraba a su palco. Finalmente miró allí donde estaban las divinidades y se le erizó la piel al ver que ambos duques la estaban observando. Fleard se apartó enseguida de su compañera, pero el contacto visual de Quora con la Duquesa se mantuvo por unos segundos, hasta que la mujer de la máscara le sonrió con complicidad y se volvió a su compañero, con el que cruzó unas palabras.

—Al final, tras la mentira, se encontrará la verdad en el destino y los sueños de ellos —afirmó Quora mientras clavaba sus ojos grises en los sin brillo del hombre.

—Sois muy elocuente. Os merecéis más que la fama que tenéis.

El periodista le sonrió de una forma que a Quora le recordaba a la sonrisa de alguien que aún no conseguía recordar y, antes de que pudiese decir algo más, un martillo llamó la atención de todos hacia la presidencia de la sala.

—Se acabó el tiempo de preparación señores míos. Debemos empezar.
»El debate será abierto por el portavoz del Gobierno Central, pudiendo ser interrumpido hasta por un máximo de tres ocasiones por cada portavoz de las diferentes entidades y el Gobierno Central podrá replicar las tres veces. Tras ello, los demás portavoces podrán expresar su opinión, sin ser interrumpidos. Cuando estén todos los discursos dados, se iniciará el debate. Se os concede un máximo de quince minutos para ejercer vuestro derecho de opinión.
»Finalizada la discusión, ya sea por decisión de ustedes o de la mesa, se procederá a la votación.
»Nuestro único y exclusivo punto del día es la de conceder a los vampiros la entrada al mercado laboral de forma legal.
»Ahora, Lord Fitzgerald, portavoz del Gobierno Central, puede empezar.

Tras ese pequeño discurso del enano, que acabó en otro golpe de martillo, el político de ojos azules se levantó apoyado en su bastón. Quora le veía extrañamente tranquilo pese a tener las miradas controladoras de los vampiros y los elfos sobre él.

—Muy buenos días tengan mis muy estimadas entidades de Reino Unido. Y muy buenos días para la Mesa y su presidencia —la voz del político resonó por toda la sala, de un tono amable y cordial, como si estuviese en una reunión de amigos —. Se nos ha reunido por un tema tan complejo como sencillo: ¿deben los vampiros trabajar entre las demás entidades a su mismo nivel?

Charles enmudeció de golpe, creando un silencio deliberadamente largo. Y su voz volvió a irrumpir en la sala, sin cambiar el tono.

—Os pregunto, mis muy estimados señores: ¿y por qué no? Hace varios años tuvimos la misma discusión sobre nuestros compañeros los feráneos —Charles tendió una mano amistosa para señalarles —, y a día de hoy podemos decir que fue una decisión muy acertada.
»Los índices de criminalidad y desastres mágicos han bajado desde que trabajan con nosotros. En aquellas zonas donde patrullan, no hay rastro de tráfico de objetos mágicos. Está demostrado que son una gran ayuda. Y los vampiros también lo serán.
»Necesitamos aumentar nuestra seguridad. Por todos es conocida la proliferación de grupos descontentos con el sistema que tanto costó crear a nuestros antiguos, con la mejor intención de conseguir la paridad entre las trece entidades. Dejar que se destruya aquello que consiguieron, nos llevará a la ruina en el futuro, si es que no lo estamos ya. Así pues...

—¡Ya basta de decir sandeces, Duque! —exclamó de pronto una voz.

Todas las miradas, menos la de Charles y las cuatro deidades, se dirigieron a la tribuna de los elfos. Aodh estaba en pie, apoyado con aspecto amenazante en el atril y mirando a Charles con malicia y venganza. Los murmullos volvieron a empezar y el presidente de la sala llamó al orden, pero nadie escuchaba. No entendían ese arrebato, ni el por qué se refería al político como “Duque”.

—¡Nos estás engañando a todos, Karl! ¡¡Llevas siglos haciéndolo y además ahora te alías con esos seres despreciables de la noche para seguir destrozando el Mundo Sin Nombre!!

Aodh gritaba encolerizado y a la defensiva, las demás entidades seguían perdidas en ese discurso, mirándose entre ellas y a Charles y Aodh, al cual los elfos parecían respaldar en ese momento. Todos pedían explicaciones, ahogando los gritos del enano y su martillo. Quora estaba asombrada, hasta el Gobierno Central estaba nervioso, al igual que los vampiros, pero aquel político de ojos azules seguía en su lugar, apoyado en su bastón, con su sonrisa y sin inmutarse. Y los Dioses y Duques tampoco mostraban el más mínimo signo de alarma.

—¡¡MUÉSTRATE TAL COMO ERES KARL, DIOS DE LA NADA Y DUQUE DEL TODO!!

Y el grito resonó por todo el lugar.

Entonces se hizo el gélido silencio. Tal era que el tiempo pareció detenerse.

Y la gente también. No sabían cómo reaccionar ante aquella acusación.

Pero lo que pareció una eternidad, no duró más que unos minutos. Los elfos, sobretodo Aodh, sonreían victoriosos, habían destapado un secreto que podía desestabilizar todo el sistema de gobierno. Las deidades no podían gobernar, ni incluso él, por muy particular que fuese. Los demás políticos estaban en sus bancos sin saber qué hacer. Quora miró a los vampiros, que iban a ser los principales afectados; estaban atónitos, Musa era el único que tenía otra expresión, de ira. Estaba de pie, encorvado hacia delante y con los puños apretados, parecía que en cualquier momento se lanzaría sobre alguien, su mirada se alternaba entre los elfos y la recién desenmascarada deidad, a la que daba la sensación de estar gritándole aunque no hubiese sonido alguno.

La mujer, la única periodista allí que estaba reaccionando, miró enseguida al portavoz. Se sorprendió al ver que ni con aquello reaccionaba. Cada vez le parecía más familiar. Y entonces Charles se movió, Quora le observó con curiosidad.

El hombre se giró y miró al palco donde estaban los suyos, mientras esbozaba una suave y enigmática sonrisa, ellos le respondieron con un leve asentimiento de cabeza. Fue entonces, cuando el Dios y Duque volvió a dirigirse a la sala, que absolutamente todo cambió.

Charles miró alrededor, todos los ojos seguían clavados en él, pero él solamente se fijó en su amigo vampiro y éste se calmó. Quora cada vez estaba más interesada por lo que sucedía, más ahora que Musa había tomado una postura más serena.

Y entonces llegó ese momento.

Quora lo reconoció al instante: la marca con el Omega enlazada a una alpha en la cara del político, el globo ocular azul y el iris completamente blanco, «¡Eres tú! ¡Eres aquel que me salvó aquella vez!». Estaba atónita, mucho más que cualquiera de los allí presentes -si es que era posible-. Lo había tenido desde siempre y cuando le perdió y buscó, se le escapaba, pero no iba a pasar una segunda vez, y menos después de eso. Pero en esos momentos la periodista no podía dejarse llevar por sus emociones personales, debía estar atenta a su alrededor y, sobretodas las cosas, a Charles. Le pareció verle murmurar unas palabras y al acabar, dar un golpe seco con su bastón en el suelo, el cual levantó una suave brisa que recorrió toda la sala.

A la mujer le costó entender qué había acabado de ocurrir, pero de inmediato lo hizo cuando su mirada se cruzó con la de Charles y su cálida y reconfortante sonrisa. La periodista miró a las demás entidades y se dio cuenta que estaban todas serenas, hasta sus compañeros lo estaban, finalmente volvió su mirada a Charles.

—Y es por ello, mis muy estimados señores, que debemos darles una oportunidad a los vampiros. Si deseamos el progreso, ellos nos deben acompañar.

El político hizo una reverencia a toda la sala tras acabar su discurso y prácticamente todos los que se encontraban allí se alzaron en aplausos a su favor. Pero Quora sabía que ese discurso había sido interrumpido, ¿por qué la gente actuaba como si no hubiese ocurrido nada? ¿Por qué de golpe los elfos parecían tan apaciguados? Y si se fijaba en los vampiros, estaban como al principio. Únicamente Musa mostraba una actitud diferente, aunque más relajado, en sus ojos se mostraba que no estaba nada conforme con aquello.

Y sin contar aquel incidente al que solamente una ínfima cantidad de personas parecía haberles importado, el resto del debate transcurrió con total normalidad. No hubieron más acusaciones que pudiesen poner en riesgo el status quo del mundo, ni salidas de tono o comentarios despectivos hacia ninguna de las entidades. Quora había imaginado que iba a ser un debate interesante, pero le resultaba bastante aburrido cuando se acordaba de cómo eran los del Gobierno Central y la oposición. Llegó un punto en el que no parecían estar aportando nada nuevo, algunas entidades reacias parecían estar empezando a cambiar de opinión, solamente los Elfos eran los que mantenían su negativa. Finalmente la presidencia de la sala decidió que era momento de votar; empezó a llamar a todos los congregados por orden alfabético, los cuales depositaron su papeleta en una caja. La tensión que se respiraba en el ambiente era extrema, aunque las cinco deidades que allí estaban se la veía muy tranquilas, como si ya supieran el resultado.

—Tres cuartas partes de esta sala han votado a favor de la integración de los vampiros al mercado laboral —empezó a hablar el presidente tras el recuento —. Por lo tanto, una vez sea firmada la ley por las cabezas de cada entidad y publicado, ésta entrará en vigor de manera inmediata. El debate se da por finalizado.

Los aplausos volvieron a la sala de inmediato al sonar el martillo que daba por acabada la sesión. Los vampiros se levantaron y dieron las gracias con reverencias a aquellos que les felicitaban. Quora observó como los dos Dioses y Duques del palco se retiraban, aunque tanto Letha como Fleard la miraron una vez más antes de desaparecer entre las sombras, ella se quedó unos momentos en su lugar, demasiadas cosas extrañas debía asimilar. Tras unos momentos, recordó que debía buscar de inmediato a Charles, ahora más que nunca quería hablar con él; volvió su mirada a la sala y observó que ni él ni Musa se encontraban ya allí. Dió media vuelta y tomó la salida que daba al gran hall, seguro que allí les encontraría.

—¡Has sido demasiado temerario! ¡DEMASIADO!

Musa ardía de furia. Fuera de la atención de los periodistas y demás políticos, podía chillar hasta hacer resonar su estridente voz por todo el vestíbulo. Charles iba delante de él, andaba con calma y su única respuesta fue un ademán con la mano que tenía libre.

—¡Te han descubierto delante de toda la sala! ¡¿Qué hubiese pasado si tu magia no hubiese funcionado?!

Charles empezó a subir las escaleras que daban al siguiente piso, en donde estaba su despacho. Musa cada vez le pisaba más los talones, aunque no empezó a subir la escalera.

—¿Vas a responderme en algún momento o es que has usado demasiado el cerebro allí dentro y se te han acabado esas palabras mágicas tuyas, Magician? —el tono de voz de Musa fue malicioso, pero sabía de sobras que a su compañero ese tipo de comentarios le hacían reaccionar.

—Las respuestas se deben dar en el momento oportuno, Musa. Y este no es ese momento —Charles se dió media vuelta y le miró directamente, aunque en sus ojos había un brillo de diversión.

—¡Ah! ¡Ahora te vuelves cuidadoso! —respondió éste mientras se cruzaba de brazos —. Podrías haberlo sido desde el principio.

—Cuando saben sobre uno, es importante aprovechar el momento en que deben de dejar de saber. Y eso es lo que he hecho —Charles le miró, con gesto malicioso —. Vuestra petición me ha dado la oportunidad de limpiar los recuerdos sobre mi figura que quedaron tras el Gran Concilio. Ahora podremos trabajar mejor.

—Has hecho algo más que eso —siseó Musa.

Aunque el político no respondió a ello, el vampiro pudo descifrar en su expresión que le daba la razón. Siguió la mirada de Charles cuando vio que levantaba la cabeza por encima de él y su gesto cambiaba a una de encantada expectación; el No-Muerto giró la cabeza y vio que Quora se dirigía a ellos con paso decidido.

—Eres un mentiroso horrible —espetó la mujer cuando estuvo delante de ellos.

Musa tuvo que taparse la boca mientras se arqueaba por la risa que le venía y luchaba por no liberar, pocas veces habían sido tan directos en decirle algo a su compañero y esa era un buen motivo de burla, pero no delante de la señorita. Charles se limitó a alzar una ceja, divertido. Quora se adelantó a Musa y miró desafiante a Charles desde el inicio de las escaleras.

—Sé que me recuerdas. Y ninguna de tus excusas va a tener efecto en mí después de tantos años.

—No esperaba menos de ti, Lady MacHale —respondió Charles, suavizando la expresión —. ¿Me permitirás esta vez el paseo por el Tamesí? Mi compañero también vendrá con nosotros.

La risa contenida de Musa se detuvo de inmediato y una clara mirada de reproche fue a parar sobre el político, el cual la ignoró mientras miraba expectante a la mujer que tenía delante de sus ojos. Quora asintió sin apenas dudarlo, aunque la voz del vampiro les detuvo.

—Iréis vosotros por el sol. Yo ya he tenido suficiente. Os buscaré en la mejor hora del atardecer, podéis estar tranquilos.

El vampiro se despidió de Quora con una leve y educada reverencia, a Charles simplemente le dirigió una mirada desdeñosa que él respondió con una sonrisa. Ésta decidió que no preguntaría sobre ello, desde que los había visto juntos, podía imaginarse que eran una pareja muy extraña y tenía esa sensación que le dice a uno que hay cosas que es mejor dejar que el tiempo responda.

Tras eso, no fueron necesarias más palabras entre la periodista y el político. Se miraron con familiaridad y salieron juntos al exterior. Era más de medio día y el astro rey había dejado su cénit, pero la niebla de la mañana ya se había dispersado y el ambiente resultaba agradable pese al frío. Quora andaba con la cabeza alta y segura, no solo le había recordado y sabía de él algo que todos habían parecido olvidar, sino que además podría aprovechar para tener un buen artículo. Mientras, Charles fingía que se dejaba llevar con calma, aunque realmente estaba sorprendido porque aquella chiquilla, ahora mujer, había recordado un hecho del pasado que él le bloqueó y le había dado mucha más importancia que el hecho de haber descubierto su verdadera identidad. No era lo que el hombre había calculado al milímetro, pero estaba contento con el resultado. El final había salido tal como quería, con Quora a su lado para poder explotar todo ese potencial que ella aún desconocía en el favor de ambos.

Y aquí damos fin a los prólogos del Carnaval de Mentiras. Próximamente empezaremos con la historia.

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