Mundo Sin Nombre #15 - Sigue las estrellas
Hace un par de años, una amiga me propuso hacer una historia para el concurso de manga anual de Norma Cómics.
Entre unas cosas y otras, no llegamos a presentar nada, pero la idea la mantuve y tenía ganas de usar a estos personajillos del bosque.
Obviamente, algún día escribiré la historia y conoceréis más a fondo los anferáneos.
Obviamente, algún día escribiré la historia y conoceréis más a fondo los anferáneos.
Libre #10 - Sigue las estrellas
El sol empezaba a descender, tan despacio que el degradado del horizonte podía ser admirado en calma mientras las primeras estrellas empezaban a aparecer en el firmamento, iluminando el cielo, como pequeñas luciérnagas que despertaban tras un día de sueño. La brisa era agradable y fresca, propia de un día primaveral tras unos días de lluvia. El bosque olía a limpio, a hierba, tierra y un sin fin de matices que solamente algunos elegidos podían sentir.
El silencio era roto únicamente por el ruido de las hojas y el canto ululante de una lechuza que había salido de su nido, pero de pronto unas voces, susurrantes y felices, se interpusieron entre los sonidos del bosque.
—¡Es una noche hermosa! —exclamó una voz, que entraba en el claro ya iluminado por la luna y las estrellas.
—¡Hermana, no vayas tan rápido!… —respondió tras ella una voz masculina que resollaba.
La chica se giró hacia el joven con una amplia sonrisa, el otro simplemente la miró con expresión desconcertada.
Ninguno de los dos eran ni animales ni humanos, aunque andaban sobre sus extremidades traseras, éstas eran propias de un ciervo, mientras que a partir de su ombligo tenían forma humana; su pecho, espalda y hombros estaban recubiertos de un fino pelaje. Los rostros de ambos eran alargados y mantenían más aspecto humano que animal pese a tener ciertos rasgos de ciervo, al igual que sus orejas, que se conservaban sin cambio alguno. Además en la cabeza del chico empezaban a crecerle unos cuernos.
—Siempre te quejas Damián, ¡deberías de estar contento tras el gran día de hoy! —la joven cierva retiró sus almendrados ojos de los verdes de él y fue al centro del claro.
—¡Y lo estoy! —respondió el chico a la defensiva —. Es solo que… ¡No quería que fuese tan pronto!
La chica se acercó a él, con los ojos brillantes y llenos de bondad. Le dió un beso en la frente y rió al ver que las mejillas de Damián se sonrojaban. Éste sacudió la cabeza y pasó por delante de ella.
Damián la miró con una sonrisa inocente, se colocó en el centro del claro y se estiró cuan largo era, mirando hacia el cielo nocturno y con la mano abierta, como si quisiese cogerlo.
—¡Quiero seguir las estrellas y ver a dónde me llevan! —exclamó de pronto el cervatillo, con los ojos radiantes de ilusión e iluminados por el cielo.
Ella, ya sentada en la corta hierba le miró con una leve sonrisa y asintió, como si le instase a seguir su sueño si es lo que quería.
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