#0 - Empieza el mundo Unnamed
De izquierda a derecha, de derecha a izquierda, de un lado a otro y vuelta a empezar. El puntiagudo final de la capucha naranja subía y bajaba cada vez que se daba un nuevo y nervioso paso por el lugar, un lugar totalmente blanco, iluminado por todos los lados, pues la luz entraba por los grandes arcos de medio punto que estaban alrededor de la gran sala en la que se encontraban dos personas.
La primera estaba sentada en las escaleras que daban acceso a la sala, aún así se podía intuir que debía ser un hombre alto y con un tono de piel ligeramente bronceado, robusto, de pelo negro echado hacía atrás, menos dos mechones que le caían delante de la cara. De mandíbula cuadrada y cejas espesas (con la ceja izquierda partida) y dos ojos azules que acompañaban su pícara sonrisa que ni la perilla que le rodeaba toda la boca conseguía ocultar. Vestía un impecable traje negro y llevaba una corbata azul claro que hacia conjunto con su chaleco, encima de sus rodillas tenía apoyado un sombrero de copa y un bastón de madera oscura con su empuñadura acabada en un óvalo plateado.
—Podrías estar quieta, ¿no crees? Creo que vas a acabar haciendo un agujero en el suelo.—Dijo el hombre a la figura que no dejaba de moverse delante de él.
La segunda figura se detuvo unos segundos y le lanzó una mirada inquisidora. Ésta era totalmente diferente al hombre, ella era de estatura mediada (más tirando a baja), delgaducha y piel blanca, se podía intuir el pelo corto y moreno bajo su capucha. Sus ojos eran grandes y de un color indefinido entre verde y marrón, llevaba unas gafas moradas. Vestía una chaqueta naranja de mangas anchas y capucha puntiaguda, una camiseta azul marino y unos vaqueros, acompañándose de un bolso grande también vaquero.
—Y ya que estamos, podrías darle un poco de color a este templo —continuó el hombre, que ignoró deliberadamente la mirada que le estaban dedicando—. ¡Mires donde mires es todo blanco! ¡Hasta el césped lo es! Deja de mirarme así, eres tú quién crea este mundo, así que podrías elegir otro tipo de… Escenario.
El hombre no dejaba de quejarse, pero más que usar un tono recriminatorio, usaba uno tono desenfadado, como si solamente estuviese esperando algún tipo de respuesta por parte de su compañera… Aunque para su desesperación eso no parecía que fuese a ocurrir y él no era una persona que gozase de mucha paciencia.
—No te cuesta demasiado responderme, simplemente debes decirme cosas como: “quiero que sea así” o “aún no tengo nada en mente”, no te estoy pidiendo una gran respuesta —volvió a inquirir el hombre tras unos minutos más de silencio — Que eso no quiere decir que yo no vaya a seguir preguntando.
La joven al final se detuvo y miró directamente a los ojos del hombre, mordiéndose el labio inferior y curvándolo hacia abajo, aunque mantenía la misma mirada de antes.
—¡Estoy pensando Charles! Creo que mantenerte un rato callado no hará ningún mal a tus cuerdas vocales. Deberías cuidártelas un poco más —respondió la joven mientras alzaba la cabeza con aire de superioridad.
—¡Estás pensando! ¡Vaya! ¿No me digas? No me había dado cuenta… Que en mi lugar de trabajo mis compañeros no piensen mucho, no quiere decir que no sepa cuándo alguien está haciéndolo—el tono del denominado Charles se mantenía divertido, aunque había adquirido un cáliz bastante impertinente—.Y precisamente a ti se te nota demasiado cuando tienes algo en la cabeza.
La joven se echó un poco hacia atrás y luego le dio la espalda. Ya estaba harta de oír sus quejas y esos comentarios siempre tan acertados. Para no seguir escuchándole (porque una vez Charles sabía que había lanzado un buen dardo, ya no se callaba), la joven abrió su bolso y empezó a rebuscar por éste, hasta que al fin encontró lo que quería.
—Mira Charles —dijo está vez con una sonrisa mientras se daba media vuelta y le enseñaba lo que parecía ser una baraja de cartas atadas con una cinta roja —. Es hora de explicar qué hacemos aquí, así que… Cállate.
Charles no hizo caso del tono amenazador de su interlocutora y mientras ella volvía a darle la espalda, aún tuvo tiempo de soltar un airado “¡mandona!” que no tuvo respuesta alguna. Por contra, la chica deshizo el lazo que estaba alrededor de las cartas y las echó al aire, delante suyo.
Como si fuese arte de magia -que lo era-, las cartas empezaron a colocarse unas al lado de otras, moviéndose a un lado u otro en función del lugar que parecían saber que les pertocaba. Todas y cada una de ellas tenían diferentes ilustraciones en negro y un color, en la parte superior había un nombre y debajo un adjetivo. La única diferente era la primera carta de todas, cuyo único dibujo era el nombre de “Unnamed World”.
—¡Vaya! Así que has decidido mirar tus cartitas, ¿y qué? ¿Vas a hacer algo? —Charles se había levantado y, apoyado sobre su bastón se paseaba por la fila que habían creado las cartas—. Me gusta ver que soy tan guapo que me regalaste dos cartas. Aunque realmente solamente valga una.
—Valen las dos. Que ahora te comportes como el manipulador que eres, no te exime de ser la política — respondió contundentemente su compañera, cruzándose de brazos y mirándolo con impaciencia—. Creo que te había dicho que no hablases.
—Sí, puede que hayas dicho algo así —Charles se giró un momento y le sonrío antes de volver a emprender la marcha— ¡Ah, qué ven mis dichosos ojos! Bueno, mi dichoso ojo… Aquí estás tú. La última carta, ¿este es tu juego, verdad?
Charles se acercó un poco más a la carta y la miró, esbozando una sonrisa divertida y con cierta malicia. Seguidamente se volvió al lado de la joven a paso calmado sin perder la expresión.
—Titiritera… —dijo en un aire pensativo mientras se acariciaba la perilla—. Un buen adjetivo, sobretodo si tenemos en cuenta que a mi me tienes marcado como “el manipulador”. Vamos en sintonía, ¿no?
—Algo así…—fue la única respuesta que recibió Charles de la chica, por su parte éste respondió como una risilla y volvió a mirar las cartas.
—Siempre me ha gustado cómo has separado mi lado político y el manipulador en tu baraja —Charles dio un par de pasos más, hasta quedar al fin frente la carta llamada “Unnamed World” —. Por cierto, aún no me has dicho qué hacemos aquí.
—Será porque aún no te has callado.
El hombre se giró de golpe sobre sus talones, dispuesto a responder a la titiritera, pero cuando lo intentó ella estiró el brazo con el dedo índice en alto, en señal de que guardase silencio y se ahorrase su réplica, porque si algo tenía Charles, eran respuestas para todo. La joven se cruzó de brazos cuando vio que Charles había comprendido que debía callar y empezó a hablar.
—“Unnamed World”, o mucho mejor dicho el mundo de Unnamed es este lugar donde estamos y todos ellos son los personajes que lo construyen, tú incluido, Charles.
>>Pero realmente es solamente una idea con pequeñas notas y pinceladas, algunas más definidas que otras… Aún hoy no hay nada realmente claro de cómo quiero que sea este mundo que quiero crear… Y eso es lo que nos trae al punto en el que estamos: es hora de empezar a dar forma al mundo Unnamed.
>>¿Qué sabemos ahora de él? Te estarás preguntando. Pues bien, sé que no estamos ubicados en un mundo totalmente de fantasía con sus países y continentes extraños, estamos en la Tierra, pero con la magia habitándola desde el principio de los tiempos… Y no, no esta oculta Charles. Sé que odias que no exista eso que se llama “el secreto mágico”, que aparece en prácticamente en todas las historias de fantasía ubicadas en nuestro mundo, pero ya sabes que lo decidí erradicar… Obviamente con una guerra de por medio, que se tratará en su debido momento.
La Titiritea dejó de hablar por unos momentos y miró a su compañero, que estaba mirándola con una amable sonrisa, contento por saber todo eso, aunque también impaciente porque no le estaba diciendo nada nuevo, ¡Charles había nacido en ese mundo y hasta lo había visto crecer! ¿Por qué necesitaba saber eso? Abrió la boca para ir a replicar, pero la joven se le adelantó y volvió a hablar.
— Y lo que vamos a hacer aquí…— prosiguió la chica, pasando al lado de Charles y acercándose a sus cartas — ¡es contar la historia del mundo Unnamed! Pequeños fragmentos, leyendas, relatos y hasta historias… Le daremos forma, con sus normas y leyes, sus mitología y todo lo que sea necesario, ayudándome de todos estos personajes… Y vamos a empezar por ellos.
Charles miró atento cómo las cartas volvían a moverse y se iban apilando en orden, quedando solamente algunas flotando frente a ellos. La sonrisa del hombre iba desdibujándose conforme veía cuáles eran las cartas que se quedaban levantadas, convirtiéndose en una mueca de disgusto. Dio una zancada y se puso a la misma altura de la titiritera, lanzándole una mirada acusadora y llena de rencor, pero sin llegar a decir nada. Ella esperó a que las cartas apiladas volviesen a la mano que tenía levantada y, al recogerlas y ver las 5 cartas que habían quedado en el aire, se giró hacia Charles y le ofreció una amplía y maliciosa sonrisa.
— Sí Charles, voy a empezar por vosotros.
— ¡¿Por qué?!— espetó éste indignado —. Tienes muchísimos personajes, muchísimas historias, podrías explicar hasta el inicio de los tiempos, ¿por qué quieres empezar precisamente por nosotros?
— ¿No es obvio?— La voz de ella sonó cantarina, hasta inocente.
— Es demasiado obvio, y es cruel.
— No he podido continuar tu historia porque el lugar que dio la razón para volver a darte vida ha desapareció el año pasado, ¿por qué iba a desaprovechar la opción de hacerlo ahora?
— Por compasión hacia mi.
La titiritera curvó un poco más los labios en su pérfida sonrisa mientras alzaba una ceja.
— ¡Oh, vaya! El señor Magician tiene miedo que cuente su historia. Él, que tan creído que se lo tiene todo, él, que dice pasar de todo el mundo, ¡Charles Fitzgerald, apodado Magician, el ser con más poder de todo el mundo de Unnamed tiene miedo de su pasado! ¡Aquel cuyas bromas llegaron a cambiar el curso de la historia!
— Estás siendo cruel.— Susurró Charles manteniendo su mirada acusadora.
— Y más que lo seré, Charles— respondió ella, volviendo a su seriedad habitual y enfrentando su mirada —. Pero tranquilo, empezaré por ella… Así que puedes respirar, tu pasado más lejano no será descubierto… Quiero llegar y escribir el Carnaval.
Pasaron unos minutos en silencio, Charles volvió a recuperar su sonrisa al saber que el pasado que más le atormentaba quedaría al margen… Que igualmente no se fiaba nada de la titiritera, pero no tenía otra que cumplir sus deseos como buen compañero, además… ¡A Charles le gustaba poder ser el centro de atención (en algunas ocasiones) y ahora tenía una buena oportunidad!
Por parte de la joven, ella estuvo observando sus cartas y sacó una sexta, que miró con una sonrisa. En la carta aparecía un gato blanco y negro, vestido con una camiseta a rayas blancas y azules, la carta era llamada Zeus y su adjetivo era “La Aventura”. Charles se asomó sobre el hombro de la chica y habló.
— ¿También lo vas a usar a él?
— No para lo mismo que a vosotros. Él será el contador de otras historias… Para otros relatos…
— No me lo vas a decir, ¿verdad?
La titiritera lo miró y esbozó una gran sonrisa, mostrando todos sus dientes.
— Verdad.
Una carcajada proveniente del hombre salió de lo más profundo de su garganta, seguido de unas risas más que le acompañaron. Ambos personajes se miraron con los ojos brillantes de decisión y ganas de empezar. Charles se colocó con toda la elegancia del mundo su sombrero, dio una cabezada a modo de despedida a su compañera y se enfiló por las escaleras camino a la salida del gran templo blanco. Por parte de ella, las cartas volvían a estar suspendidas en el aire y las miraba en aire pensativo mientras se acariciaba el mentón y pensaba el siguiente movimiento.
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